Carlos Pagni realizó un imprescindible análisis del atentado a CFK desde una perspectiva inquietante

Mauricio Macri se esforzó por bajarle el precio al intento de asesinato que sufrió la vicepresidenta Cristina Fernández. El ex presidente, si bien reconoció haber “leído poco” sobre la causa, aseguró que el atentado fue “algo individual de un grupito de loquitos” y negó enfáticamente que hubiera sido “orquestado políticamente”.

No es la primera vez que Mauricio Macri pretende descalificar la realidad sin presentar argumentos sólidos. Tampoco le ha ido mal actuando de ese modo. Mientras que lo entrevisten operadores propios, como Luis Majul, podrá seguir haciéndolo sin despeinarse.

Pero la realidad está presente y se impone con su fuerza arrolladora. Cierto es que varios periodistas/operadores situados al otro lado de la grieta protestaron y trataron de fundar la mirada inversa. Pero, como se sabe, la Argentina vive una realidad esquizofrénica, en la que cada lado de la frontera que desgarra a nuestra sociedad tiene su propia interpretación de la realidad, y cree como verdades reveladas lo que políticos y operadores periodísticos de su segmento difunden con total impunidad. La reflexión desapasionada y la racionalidad se encuentran en terapia intensiva, víctimas de la lógica reptiliana que no admite matices ni cuestionamientos.

Por esta razón cobra tanta importancia el análisis de este lunes de Carlos Pagni, no sólo por no poder sospecharse de su alineamiento con el cristinismo, sino también porque fue expresado a través de una señal (LN+) de la que Macri parece ser accionista mayoritario.

Macri había declarado que experimentó “Primero shock. Cuando lo escuché no lo podía creer”, pero que “después por supuesto cuando llegó el grotesco de la sobreactuación… Ahí ya hubo un rechazo”. E inmediatamente fundamentó la tesis del “lobo solitario” que sostiene la mayoría de los referentes del Pro, desacreditando la explicación del oficialismo que apunta sobre la oposición “echándole la culpa de algo que queda claro que es algo individual de un grupito de loquitos y que no está orquestado políticamente”.

La explicación del “grupo de loquitos”, para el ex presidente, “por lo que he visto y leído, que no he leído tanto, queda más que evidente”.

Pero lo que resulta “evidente” para el ex presidente no lo es tanto para Carlos Pagni, quien luego de analizar la información provista por los celulares de la “banda de los copitos”, afirmó que “estamos hablando de que ya no es un lunático solo, sino que pareciera haber una planificación, un programa”.

Y a continuación hundió el cuchillo en la llaga al sostener que “lo más curioso de todo es que cae este vendedor de copos de azúcar, subrayo la actividad, y aparecen enseguida varios abogados, alrededor de los cuales gira un enigma”.

“El que él designa como abogado, Gastón Marano –continúa-, es un penalista que, de golpe, nos enteramos que es asesor de un senador por la provincia de Chubut, Ignacio Torres, que pertenece al Pro en la comisión bicameral que vigila a los organismos de seguridad e inteligencia. Por supuesto, (el legislador) dice que no tiene idea cómo está su asesor conectado con el jefe de la banda de los copitos que estaba aparentemente, según sus dichos, planificando el atentado a Cristina Kirchner. Acá también hay una curiosidad, ¿Marano no le avisó al senador que iba a tomar semejante caso? Desde ya que, como penalista, puede hacerlo y cualquier ciudadano tiene derecho a la legítima defensa. Es un principio básico de la vida republicana. Pero, si ese abogado es asesor en una comisión que vigila organismos de seguridad e inteligencia, lo más lógico sería que lo hable con el senador. Torres enseguida comunicó al presidente de la comisión, Leopoldo Moreau, que se deshacía del asesor, lo relevó, no está más”.

Pero la relación entre los “copitos” y, sobre todo, el jefe de la banda, Nicolás Carrizo, con figuras del Pro no concluye allí. “Ahora bien –informa Pagni-, el propio Carrizo, vendedor de copitos de azúcar, tiene dos abogados más. Una es Brenda Salva, que curiosamente es asesora de una diputada del Pro. Pueden ser todas casualidades, seguramente”.

“Pero hay otro detalle más inquietante. Aparece otro abogado de este mismo vendedor, Fernando Sicilia, que es defensor de dos personas que fueron noticia durante los últimos dos o tres años: Leandro Araque y Facundo Melo. Son dos integrantes de la banda de espionaje ilegal que trabajaba a las órdenes de Silvia Majdalani en la AFI durante el gobierno de Macri. Araque es un espía que fue reclutado por la AFI de la Policía Metropolitana. Melo es un abogado que navega por todos los ríos. Es curioso que un abogado como Sicilia tome como cliente a este otro imputado que es un vendedor de copitos de azúcar”, apunta.

Y allí llega el mazazo definitivo: “Entonces, la primera pregunta obvia es: ¿Quién paga estos abogados? ¿Lo quieren cuidar a Carrizo o hay que proteger a alguien que puede estar ligado a él? Quizá no esté ligado a él por el atentado contra Cristina, sino por otras actividades vinculadas con la vida de los vendedores ambulantes que, a lo mejor, venden otras cosas. Lo cierto es que aparece ahora una especie de jefe de esta banda que tiene abogados ligados de un modo u otro a la política y a causas de espionaje. La pregunta que uno se hace es cuánto algodón de azúcar hay que vender para pagarle a estos abogados. Todo esto empieza a tener otra densidad”.

El impecable análisis de Pagni sugiere una hipótesis incómoda, que tarde o temprano tenía que aparecer, aunque por prevención o temor nadie se había animado a explicitar hasta ahora: la vinculación entre algunos sectores del Pro y el narcotráfico, del cual la “banda de los copitos” podría haber sido un apéndice de venta minorista bajo la fachada de la venta de copos azucarados.

Y es que la relación entre política, poder judicial, fuerzas de seguridad y narcotráfico es un tabú que se intenta excluir de los análisis periodísticos, en parte por temor, en parte –seguramente- por complicidad. A lo sumo se la intenta focalizar en la ciudad de Rosario y algunos otros puntos de la provincia de Santa Fe, en donde –y a pesar de su visibilidad tan evidente- no se registran acciones ni avances de importancia para combatirla.

Debe asignarse al aporte de Carlos Pagni la relevancia que realmente tiene, al invitarnos a reflexionar sobre una realidad incómoda, degradante, que va mucho más allá del intento de magnicidio de Cristina. (www.REALPOLITIK.com.ar)

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