LA ECONOMÍA DESPUÉS DEL VIRUS

Es difícil predecir cuál será el resultado final, en materia económica, después de la des aceleración que sufre el mundo a consecuencia de la pandemia.

El globo está inmerso en una guerra comercial entre EEUU y China que se parece a la guerra fría de la posguerra mundial, pero esta vez sin armas –o eso creemos‑ sino que se disputa en los mercados.

Tal como la anterior, a partir de esta disputa, emerge un nuevo mapa geopolítico.

Por Agustin Bordagaray

La pandemia no quedo fuera de la batalla y quedaron expuestas dos posturas claras siendo las posiciones de EEUU, Brasil e Inglaterra muy diferentes a las que aportó China y Rusia, por ejemplo. Se suman a esto las acusaciones cruzadas respecto a quien es el responsable de la propagación del virus.

El coronavirus fue la bomba nuclear que faltaba.

Su poder letal paralizó la economía mundial.

Los gobiernos de todos los países tiraron todos los manuales económicos por las ventanas y salieron decididamente a sostener las necesidades de sus habitantes.

Argentina sigue esta línea.

Para paliar la parálisis que provoca el aislamiento social obligatorio se dictaron normas de contención destinadas a poner dinero en el bolsillo de los argentinos y de ese modo mantener la inevitable caída en la demanda que esta crisis provoca.

El posible que no alcance con ellas y en los próximos días se dicten nuevas, destinadas ahora a los pequeños empresarios, monotributistas y quienes se desenvuelven en la economía informal.

En esto también faltan las respuestas de los gobiernos provinciales y municipales.

En este punto quiero apoyar la decisión del intendente de no cerrar, al menos por ahora, los ingresos a la ciudad. No aparece por ahora como una medida que aporte a la disminución de la propagación del virus y sin embargo sus consecuencias negativas son mayores. Está claro que las fuerzas de seguridad deben controlar que nadie circule si no está dentro de las previsiones del decreto del PEN.

Pero con eso solo no alcanza, es de esperar que se estén estudiando nuevas medidas.

Es inevitable el deterioro que nuestras empresas van a sufrir.

Por supuesto que este deterioro variará según la fortaleza que la empresa tenga y el rubro donde se desempeñe.

Pasada la tormenta, no podemos predecir cómo quedará parada la actividad económica ni tampoco cual será el futuro.

Por las experiencias anteriores (dengue, gripe aviar, desastres climáticos) una vez que se normaliza el episodio, todo vuelve tal y como estábamos.

Es cierto que esta enfermedad, a diferencia de las otras, es mundial y general; nadie queda a salvo.

En este punto se parece más a la segunda guerra mundial que cuando terminó el mundo no fue igual.

No podemos aventurar cual será el destino, pero quienes militamos un modelo económico que esté al servicio de las personas y no al revés, tenemos la enorme oportunidad de mostrar que otro mundo es posible.

Tanto los gobiernos como los organismos internacionales están reconociendo que el modelo del libre comercio no funciona –al menos en las crisis- y que la intervención del Estado es necesaria.

Quedará por discutir cual es la medida, las formas, etc., pero no podemos quedarnos en la ya antigua disputa entre estado y mercado, ambos son necesarios en su justa medida.

La gran palabra que emergió es la SOLIDARIDAD. Un concepto que no debe quedar archivada solo para eventos excepcionales.

Debe ser la guía cotidiana del comportamiento de cada uno de nosotros porque ya es indiscutible que en este nuevo modelo no nos salvamos solos y que lo que cada uno haga desde el lugar que le toque impacta al resto, sin excepción.

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