Los riesgos de un doble comando en la municipalidad

El gobernador Gustavo Bordet recibió en su despacho al actual y al ex intendente.

Especial para La Calle – Martina C. Cortessi – martinaccortessi@gmail.com

Solo hace falta observar un poco el organigrama municipal para darse cuenta que en muchos de los lugares donde se supone debería haber un funcionario a cargo del área, hay dos.
A primera vista cualquier ciudadano común podría pensar varias cosas al respecto.
Podría tratarse de una forma de tener más de una visión para las decisiones, o podría ser la forma de dar respuesta a dos compromisos de campaña con un solo cargo. O lo peor de todo: Es una forma de que uno vigile al otro y tener una doble vía de control ante la desconfianza sobre cualquiera de ellos.
Los comandos dobles generalmente hablan de esto último. Eso hace que el área compartida nunca se fortalezca y genere divisiones.
Para algunos dirigentes esta forma de gobernar los sostiene a ellos mismos como supuestos líderes, porque en las líneas de abajo están más ocupados en las conspiraciones internas que en la gestión de gobierno.
Pero un verdadero problema se presenta cuando en lo más alto de la organización también hay un doble comando.
Ver la foto del Gobernador Gustavo Bordet hablando con el ex intendente Eduardo Lauritto mientras el intendente en ejercicio, Martín Oliva, sonríe como mero espectador ante los dichos de su mentor, deja en claro que el “ex” no lo es tanto, y tal como se preveía, busca seguir al mando de algunas cuestiones en las que todavía no confía lo suficiente como para delegarlas. No es raro ni sorprende. Oliva ha dicho siempre que Lauritto es el gestor de todos sus triunfos y el artífice de haberlo investido como el nuevo jefe político de Concepción del Uruguay y zonas aledañas.
A escasos 20 días de haber asumido una responsabilidad sobre la que seguramente necesita consejos, podría ser comprensible que Oliva acuda acompañado a un encuentro con el gobernador donde seguramente se hablaría de obras, pero como también allí se negociarían cargos nacionales y provinciales para Concepción del Uruguay, no podía ir solo.
Sin embargo, la imagen de un Oliva en segundo plano que llega acompañado para hablar de estos temas con Bordet también muestra a un Lauritto que, sin ningún rol oficial ni cargo alguno en el gobierno, busca sostener su espacio de poder por cuenta propia y no dejar estas cuestiones en manos de nadie más.
Claro que sería un error sacar conclusiones a partir de una simple foto, pero las imágenes dicen mucho.
El gobierno municipal dejó atrás el centralismo absoluto del intendente anterior para dar paso a una idea de equipo de trabajo expresada en más de una oportunidad por el mismo Oliva. Pero como sucede en cualquier equipo, es necesario saber quién manda.
Llegará el tiempo en que este tema deberá resolverse, porque de no ser así la municipalidad no sabrá nunca a quien responder cuando surjan los problemas. Y los problemas, indefectiblemente, siempre aparecen.
Tampoco será una tarea sencilla tomar decisiones de gobierno si todo deberá ser sometido a aprobaciones paralelas de un entorno que sigue respondiendo al intendente anterior.
Si de lealtad se trata nada hace suponer que Oliva pudiera negar a Lauritto como su alma mater, por lo que no queda otra alternativa que pensar que el manejo en tándem de la municipalidad es solo una cuestión de tiempo hasta que las cosas se encaminen.
Dividir las aguas en cuestiones de liderazgos nunca dio buenos resultados en materia política. Habrá que ver si Lauritto cede protagonismo y le da lugar a Oliva para que crezca y gobierne con su propio sello. En ese contexto Oliva tendrá la oportunidad de cobrar un volumen político genuino y afianzarse como intendente y referente en la política local. A la sombra de otros no será una tarea imposible de lograr, pero serán cuatro años muy largos.

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