Los influencers dejan de mostrar lugares: la estrategia antiturismo

8 septiembre, 2026

Un hashtag está tratando de reescribir las reglas del turismo digital: #nogeotag. Detrás de esta elección, aparentemente mínima, se esconde un cambio de paradigma en la forma en que los creadores gestionan su poder de influencia sobre los lugares que relatan.

Durante años la lógica de las redes sociales ha sido simple: cuanto más un contenido muestre un lugar espectacular y señale su ubicación exacta, más genera engagement y nuevos seguidores. Hoy, sin embargo, una parte cada vez mayor de creadores está invirtiendo esa lógica, eligiendo no revelar dónde se encuentran. Una decisión que nace de la conciencia directa de las consecuencias que sus contenidos pueden tener en territorios a menudo no preparados para acoger flujos turísticos repentinos y masivos.

#nogeotag: la estrategia de los influencers contra el turismo de masas

El fenómeno que ha llevado a este giro es documentado y recurrente. Un perfil con un seguimiento considerable publica un contenido sobre un lugar natural aún no saturado de turistas, como un sendero alpino o una piscina natural. El contenido obtiene visibilidad, el algoritmo lo premia y en un periodo de tiempo que se mide en semanas, no en años, ese lugar pasa de destino de nicho a destino de masas. Ha ocurrido, por ejemplo, en diversos contextos alpinos, desde Suiza hasta las Dolomitas, con consecuencias medibles: erosión de senderos, saturación de estacionamientos y presión sobre ecosistemas no diseñados para sostener ciertos volúmenes de visitantes.

Frente a esta dinámica, una parte del mundo de los creadores ha empezado a autoregularse, renunciando voluntariamente a indicar la ubicación geográfica de los contenidos publicados. Una forma de responsabilidad que nace desde abajo, sin obligaciones normativas, pero por la conciencia directa del impacto que una sola publicación puede generar.

Los actores del sector turístico, sin embargo, miran al #nogeotag con cautela. La objeción principal se refiere a la eficacia real de la medida: ocultar la ubicación no elimina el interés por un lugar, sino que lo transforma en un objeto de búsqueda. En síntesis, el “lugar secreto” se convierte en sí mismo en un contenido viral.

El modelo de los guardabosques digitales

Por ello, según los actores del sector, la respuesta estructural al problema no puede ser delegada únicamente a la autorregulación de los creadores, sino que requiere herramientas de gestión activa de los flujos turísticos.

Algunas entidades de gestión del territorio ya han desarrollado una respuesta operativa concreta, es decir, figuras dedicadas al monitoreo de contenidos sociales, con la tarea de identificar de manera temprana las señales de un lugar a punto de volverse viral, antes de que la afluencia se vuelva ingobernable.

El objetivo de estas figuras es monitorear las plataformas sociales y los portales de excursionismo, interceptando contenidos que corren el riesgo de generar picos de visitantes insostenibles e interviniendo directamente.

El #nogeotag sigue, hasta la fecha, siendo un intento desde abajo, nacido de la sensibilidad de creadores individuales más que de una estrategia coordinada. Su eficacia está limitada por el hecho de que actúa sobre la visibilidad de una sola publicación sin intervenir sobre la causa estructural, es decir, la ausencia de herramientas de monitoreo sistémico y gestión de los flujos turísticos generados por las redes.

Los modelos de guardabosques digitales adoptados por algunos parques señalan una dirección alternativa, probablemente más efectiva a largo plazo, pero requieren recursos, habilidades específicas y una colaboración estructurada entre entidades públicas y plataformas digitales, elementos no siempre disponibles a gran escala.

Lucía Benítez

Soy periodista y redactora en El Disparador Uruguay. Me interesan especialmente la ciencia, la salud, los viajes, los animales y esas historias que ayudan a mirar el mundo con un poco más de curiosidad.