CUANDO EL ENOJADO NO VOTA, EL QUE DECIDE POR EL ES OTRO

Esta reflexión acerca de muchos, que a esta altura de los acontecimientos, respecto a las elecciones del próximo 13 de agosto que murmuran y expresan su enojo con la clase política y deciden no concurrir a votar, se exponen a dos situaciones:

Si se trata de ciudadanos que por su edad no están obligados estarán dando la oportunidad a otro que decida por él y obvio no son causales de multa alguna.

Si se trata de ciudadanos que por su edad están obligados y no concurren, se exponen a multas y también que otro este decidiendo por él, por el solo acto de no ir.

Toda persona con el mínimo de sentido común, y sentido patriótico debe concurrir a sufragar. Se trata de una obligación moral con el mismo y con la patria.

Con su voto, cualquiera sea la identidad del mismo, está decidiendo el destino del país, de su bienestar y el de sus hijos.

Votar lleva en sí mismo la voluntad de dar continuidad a las políticas que se están implementando o de corregir si es su deseo el rumbo de su país.

Si lo logra o no, será otra la situación. En todo país democrático se impondrá lo que determine la mayoría y por ende se deberá acatar dicha decisión, por el término que la ley lo estipula.

Quedarse en su casa a la espera que los resultados electorales pueda torcer el destino de un país o seguir en el proceso en el que se encuentra, es un acto de irresponsabilidad cívica y ética; más allá de las sanciones a las que quede expuesto según su edad.

El Observador  – Eldisparadoruruguay.com.ar. 

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