Ser Solemne no significa ser Serio

Cantaste las 40 con una descripción certera y aguda de la política de las últimas décadas y también del periodismo uruguayense actual.

El papel real de José Lauritto y Carlos Scelzi con sus luces y sombras (más sombras que luces si uno analiza los nulos referentes que han dejado) y quedará para otros el análisis si en un contexto de viento de cola kirchnerista donde se mejoraron todos los municipios del país con obras, políticas activas, aquí en Concepción no se podrían haber aprovechado mucho mejor esas ventajas en términos relativos frente a otros municipios y con quizás otros dirigentes que sin mezquindades particulares hubieran agrandado el juego con otros para aprovechar aún más todas las facilidades que tuvo la provincia para hacer cosas.

Dejo dos frases para pensar:

El último valor de un verdadero líder es a qué tipo de personas les deja la posta cuando se retiran, que referentes deja para la sociedad.

Los verdaderos líderes alientan y desarrollan otros líderes mejores que puedan seguir mejorando la ciudad, los mesiánicos no dejan crecer a nadie para quedar como los mejores, únicos y seguir alimentando su ego y narcisismo después de que se retiran.

La otra frase es tanto para políticos como para periodistas, ser solemne no significa ser serio.

Solemnidad y Seriedad son dos conceptos diferentes que muchos confunden.

Se puede ser solemne (hablar bien, impostar la voz, cuidar las formas) pero no decir nada,  ni hacer cosas serias (No tener ética en las acciones, no cantar la justa, no sesgar las opiniones y  esconder la verdad).

Merece mucho más respeto los políticos y periodistas serios que los solemnes.

 Algunos se nutren de los dos conceptos, otros no se preocupan por la solemnidad (generalmente mal hablados) pero no por eso dejan de ser serios.

Otros impostan solemnidad y cortesía pero termina siendo muy poco serios aunque quieran aparentarlo.

También mucha razón con la oposición (Pro y Radicalismo) que siempre han buscado salir segundo y ahora ponen piedras nuevamente para no ganar.

Al que le quepa el sayo que se lo ponga.

Ref. – Un oyente

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